Las lesiones prefrontales: El caso de Phineas Gage

La investigación de Antonio Damasio concluyó que había una parte del cerebro encargada de sustentar nuestra identidad, nuestra personalidad y nuestra capacidad de pasar o no a la acción de forma intencionada.

Uno de los mayores investigadores de las emociones y del cerebro específicamente ejecutivo es Antonio Damasio, quien descubrió a través de la observación en humanos (sobre todo, en el conocido caso de Phineas Gage) los déficits ocasionados por las lesiones prefrontales: a estas personas les costaba planificar, tomar decisiones y mantener la atención, entre otros problemas, debido a una lesión de estas áreas.

Del éxito personal y profesional al fracaso total

 En 1848, Phineas P. Gage era un hombre de 25 años, capataz de construcción. Trabajaba para el Ferrocarril Rutland & Burlington. Incluso Damasio cuenta como su jefe lo describía como el hombre más eficiente y capaz a su servicio.  Todo cambia el día que un agujero lleno de pólvora le explota en la cara, y envía una barra de hierro hacía Phineas. Penetra por la mejilla izquierda, perfora la base del cráneo, atraviesa la parte frontal del mismo y sale a gran velocidad a través de la parte superior de la cabeza. Sorprendentemente, él no muere en el accidente, pero algo muy importante en dentro de él sí lo hace. Una vez recuperado completamente de su lesión cerebral, Phineas Cage parece desde fuera intacto en cuanto a sus funciones: funciones sensoriales intactas, cognitivas, motrices, y de todo tipo.

Pero poco después de esta recuperación, a Damasio le llama la atención un cambio en su personalidad que describe el Doctor Harlow cuando comparte la observación de sus comportamientos con la comunidad científica del momento:

«El equilibro entre sus facultades intelectuales y sus instintos animales parece haber sido destruido. Es irregular, irreverente, entregándose en ocasiones a la blasfemia más grosera (…), manifestando muy poco respeto por sus compañeros, incapaz de contenerse. Cuando entra en conflicto con sus deseos, en ocasiones pertinazmente obstinado pero caprichoso y vacilante, ideando muchos planes de futuro, que son abandonados antes de ser ejecutados por otros que parecen más factibles».

Damasio descubrió que había sistemas dedicados al razonamiento en las dimensiones personales y sociales.

«…la historia de Gage daba a entender un hecho sorprendente: de algún modo, había sistemas en el cerebro humano dedicados más al razonamiento que a cualquier otra cosa, y en particular a las dimensiones personales y sociales. El comportamiento de Gage indicaba que algo en el cerebro concernía específicamente a propiedades humanas únicas, entre ellas la capacidad de anticipar el futuro y de planear en consecuencia dentro de un ambiente social complejo; el sentido de responsabilidad hacia uno mismo y hacia los demás; y la capacidad de orquestar deliberadamente la propia supervivencia, y el control del libre albedrío de uno mismo

….Después del accidente ya no mostraba respeto por las convenciones sociales; la ética era violada; las decisiones que tomaba no tenían en cuenta su mejor interés, y era proclive a inventar cuentos sin ningún fundamento excepto en su fantasía. No había evidencia de preocupación por su futuro, ni síntoma de previsión…No podía tomar buenas elecciones. Gage se ganó a pulso su ruina. Su sistema de valores era diferente, parecía diferente. Aunque mi investigación me llevó a pensar que eso no era así, en lesiones de este tipo queda alguna parte del sistema de valores, y puede ser utilizado en términos abstractos, pero no está conectado con las situaciones de la vida real. Cuando los Phineas Gage de este mundo necesitan operar en la realidad, el proceso de toma de decisiones está mínimamente influido por el conocimiento antiguo». (Damasio, El Error de Descartes, 2008. Pág. 29)

Damasio cuenta como el doctor Harlow, el principal acompañante en la mejora de Gage, pensó incluso que su cambio de carácter era algo no permanente, y fruto del shock que había sufrido por el accidente. En un contexto científico donde íbamos descubriendo partes especializadas del cerebro con funciones especializadas, pero también muy influido por la frenología (donde las partes del cerebro solo se ocupan de una parte y no pueden asumir funciones diferentes), se conocían partes donde se contenía el lenguaje y otras muy específicas. David Ferrier, un fisiólogo de la época se aventuró además a afirmar que la herida perdonó los centros motor y del lenguaje, que sí lesiono la parte del cerebro que el mismo había denominado corteza prefrontal, y que dicha lesión podría estar relacionada con el peculiar cambio de su personalidad.

Como vemos, estas investigaciones demuestran cómo no es algo solo psicológico, no es algo que depende de nuestra personalidad o forma de ser. No todo es intencional, sino que la voluntad, y más la que está guiada por metas, está bien localizada en el cerebro. En el caso de Phineas Gage, una lesión de esta parte, producía una falta total de capacidad de guiar tanto su vida personal como profesional: estaba sucumbiendo al estímulo, un problema normalmente solo de los otros animales.

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